DESAYUNO SABATINO EN El PÁRAMO
En El Páramo amanece, con brisa de anís y espuma,
las risas ruedan al aire, la charla lenta se suma.
Sobre la mesa humeante, con aromas de festín,
se doran los buñuelitos y el café sabe a jazmín.
Tortas de manteca tierna, crujen con eco sincero,
las manos van y las parten como un gesto verdadero.
Aguardiente de Metro brilla, en copas de madrugada,
y al primer sorbo despega la palabra bien hallada.
Chema, el buen presidente, con su gesto bonachón,
saca diplomas de oro, premios al alma y al corazón.
“Por ser amigo de siempre”, “por la charla bien bebida”,
cada quien lleva su mérito, risas, brindis y alegría.
El sábado va sin prisa, entre cuentos y canciones,
se deshojan las estrellas, se despiertan los rincones.
En El Páramo se queda, grabado en cada memoria,
el desayuno infinito, el sabor de nuestra historia.